VIENTO VARIABLE

 

Hace dos años, en 2014, el escritor Antonio Hernández (Arcos de la Frontera, 1943) consiguió el Premio Nacional de Poesía y el Premio de la Crítica por su magnífico libro “Nueva York después de muerto”, poemario que comentamos en estas páginas de IDEAL. Más de cincuenta libros, entre las modalidades de ensayo, poesía y narrativa, avalan su trayectoria. Entre los muchos reconocimientos dedicados a su labor literaria, y haber ganado en dos ocasiones el mencionado Premio de la Crítica, el primero de ellos en 1994, el autor es Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija”, Medalla de Oro de Andalucía en 2015 e hijo Predilecto de su localidad natal.

“Viento variable” es su último poemario, publicado por la editorial Calambur, que celebra este año el vigésimo quinto aniversario de su Fundación (1991-2016). En la introducción del libro, el propio poeta nos dice que los versos incluidos quieren ser “uno solo cohesionado”. Fueron escritos en Río San Pedro (Ciudad Real) y Madrid entre los años 2010 y 2015 y se incluyen, como señala el autor, dentro de la conocida como “poesía total”, algo que viene realizando desde su primer libro, en el que la autonomía de los poemas “no excluye una corriente general de río polifónico, donde la globalidad de la poesía y la literatura, en su más amplia definición, se funden”. Un libro que vive a través de cada uno de sus versos, escritos con la maestría de uno de los más grandes representantes de su generación.

La explosión vitalista se interna por muchos de los poemas, para recorrer un tiempo necesario: a la luz del alba, acompañados de los silencios y al compás de los instantes que envuelven la vida cotidiana. Un paseo por Arcos, junto al río Guadalete o por la bahía de Cádiz. Un recorrido por el madrileño Parque del Retiro, que atrapa la mirada, envolviéndola en un mundo de nostalgia, ensoñación y verdades. “Pido asilo a los sueños”. La niñez, única patria. Una cuestión que el poeta reclama frente a los desencuentros y la tristeza.

El autor, que une al corpus poético cierta tierna ironía en muchas ocasiones, sabe de la existencia de espinas y quebrantos. Y por ello, encuentra su mapa de venturas en las cosas sencillas, en los seres queridos que habitan el recuerdo. En las lecturas y en la realidad. En el paso del tiempo y sus signos. En la verdad poética de Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Luis Rosales, García Lorca… En el deseo de encontrarse junto a una lápida, la de Federico, para “poder besar el mármol finalmente”. En el mensaje de la música, el piano tocado por su hija, sentimentalidad al calor de la palabra. Con la visión del mar, acunando la vida, lejos de los fuegos de artificio, tan fatuos y alienantes, lejos de las injusticias y  el egoísmo sin límites, desde un trayecto vitalista que reivindica un proyecto de solidaridad, de humanismo, con todos los pueblos del mundo. Junto a este espacio-tiempo que compartimos, la luz de un invierno en el parque, un jardín donde habita la esencia, la constancia de las nubes pasajeras y el paisaje habitado, la claridad de un camino lleno de horizontes y de verdad.

 

19 de marzo de 2017     Pilar Quirosa-Cheyrouze