LAS ESTACIONES ANÍMICAS

 

Existe en la poética de Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), doctora en Didáctica de la Lengua y la Literatura, la construcción de un presente requerido y potencial que va acompañado de una realidad incrustada en la experiencia, clave y signo del lenguaje. Una intensidad que se funde, piel adentro, con

el paso de las estaciones anímicas, para abarcar el tiempo y beberlo, trasmutarlo, navegando hacia un horizonte secuencial donde la vida espera y sale al encuentro.

Frente al nihilismo, existen los sentidos rastreadores, la base reflexiva, pujanzas y recuerdos, una sutil melancolía en el culto a la memoria, atendiendo a la fragilidad del ser humano, más allá del olvido. Las enramadas de la Historia construyen barricadas contra la libertad y los sueños. Versos que se internan en las claves de momentos especialmente expectantes, duros en ocasiones, como las consecuencias de la incivil Guerra del 36, la imagen secuencial del hombre que, amparado entre las sombras, huye monte arriba con la complicidad de una luna oscura. O el recuerdo de una voz, el magisterio de Beatriz Onieta, un tiempo de hiel, gris, mientras “los álamos susurran las palabras de Dante”, lejos de la cerrazón, amparados en la cordura.

Claves que son invocaciones, llamadas a la reconstrucción y a la esperanza, alejando el odio de las palabras y encontrando el punto de apoyo en torno a la libertad, cuando “el amor toma formas caprichosas”. Desde los asombros cotidianos, atravesando el desierto de las emociones, a ritmo sincopado, en la representación de un juego de espejos, en el trayecto confesional y evocador del espíritu.

El azar forma parte de la dinámica universal. Y existen cientos de posibilidades, tantas como posibles universos, que están en el hoy y en el mañana, más allá del escepticismo. “Huya yo del realismo encorsetado”, donde, puede caber la posibilidad, hay constancia, de que la voz enmudezca. “Vivir es un presente inacabado” y también un instante por construir. Más allá de los interrogantes, la salvación llega a través de la palabra, junto a la reivindicación de la ética, la integridad y la justicia, la conciencia social.

La vida también se proyecta a través de las cicatrices del desamor, donde no puede habitar el olvido. Mientras permanecen las huellas de la insoportable levedad del ser de Kundera y un tren se dirige hacia algún lugar del Sur. Donde el ser humano reta al tiempo, porque a menudo “los días tienden a suceder en el pasado”. Los recuerdos de juventud, a través de la niebla. Machado, la ética y el compromiso.  El exilio, la rotunda verdad a través de unos versos. “Dicen que desde entonces en Collioure no ha dejado jamás de ser invierno”. La eternidad del cosmos y su reflejo. “¿Tiene reloj la vida?”  Y hay que atender a la llamada de los sentimientos, “antes de que las hojas oculten la tierra”. Porque, como nos recuerda Raquel Lanseros desde la sensibilidad y la hondura, “no hay verdad más profunda que la vida”.

 

 

19 de marzo de 2017     Pilar Quirosa-Cheyrouze