LA NOCHE SIN ESQUINAS

 

Hay noches como alcobas/con versos recluidos

al fondo del pasillo/donde solo emergen las sombras

y que, en efecto, viven/en gargantas ajenas

rodeados de puntos/y acentos circunflejos.

Una mujer poeta,/por ejemplo, ahora mismo

se sube a un escenario/disfrazada de lágrima

y, desde allí, pregona/sus poemas de heridas:

dice “giraba” y mira/al cielo que la cubre,

al escaso infinito/de la Puerta del Sol,

ese raro cuadrado,/horadado por calles.

Tundidor ya había dicho/”Se avecina el presente”,

ese momento inicuo/repleto de homilías

con un fondo de estatuas/muy pronto oscurecido.

Nuestro lineal momento/es algo más sencillo

pues tardes como fosos/estaban esperándonos;

renacía la vida/incluso por la calle

con el ardor inmenso/de gritos como espejos.

Estábamos soñando/con musas y arlequines,

las hadas gigantescas/del tiempo detenido,

directamente hermosas/vestidas de horizonte.

Y venían entonces/figuras omniscientes:

ballenas del domingo,/zopilotes, paráclitos,

cáscaras hojaldradas/de edenes del olvido,

alguna golondrina/con recados de Bécquer.

Mientras la joven habla/(poetisa o poeta),

recita, se entusiasma/e inventa los futuros

personas fermentadas/miran a las farolas,

degustan bocadillos,/sartenes de amatistas,

pizzas de cuatro euros,/coca colas, venenos,

antiguos conductores/invaden el asfalto

sin saber que hay poetas/renovando la gloria

y, ya inconscientemente,/provocan mil disturbios.

Llegan los policías,/esos de azul marino

a caballo, en moto,/corriendo por su lado

y ponen pronto orden,/enfáticos, plebeyos.

Siguen los recitados,/el mundo se divide

pues algunos se enfrentan/a drones numerosos

con base en el Senado,/que está siempre vacío,

y ocupan, presionados,/los teatros con hambre

del centro interrumpido/en la calle del Príncipe

y algunos aledaños/donde es la luz de oro

con la estatua de Lorca/portando una paloma

y turistas beodos/mirando a las mujeres.

Asistimos sin prisa/hasta la madrugada

a funciones y ofrendas,/dobles, consecutivas.

Primero una actriz frágil/ocupa un cuadrilátero

vistiendo blusa verde/con bodoques de hilo,

transparente y sencilla,/tal vez comprada en Londres,

escondiendo/mostrando/breve sujetador negro,

teta escasa, piel blanca,/también flequillo rubio

y concentrada furia/de hormonas alteradas

En la réplica un joven/desgarrador, histérico,

ropa casual oscura,/camisa larga y triste.

Hablan de incomprensiones/amor interrumpido,

metáforas escasas,/soluciones dormidas.

En la función siguiente,/luminosa y diabólica

la mujer consecuente/y el actor oportuno

en el mismo escenario/de cuerdas y ataduras

dibujan la existencia/de un mundo a la deriva,

se plantean cuestiones/de despedidas tristes;:

“El tiempo no es la muerte”,/dijo Soto Vergés.

Cuando termina el texto/está acabando el día.

¡Estas noches morbosas/de verso y de teatro

nos irán conduciendo/a sorpresas y exilios!.

Son noches sin esquinas/donde todo es posible,

“lo mismo que en Granada”,/dijo alguien:

la vida perezosa/volviendo a ser la misma,

nuestras mentes sin lluvia/regresando a los sueños.                                      (68)453

Sala Margarita Xirgú, 26 de abril de 2019. La noche de los libros.

 

A ESTAS HORAS

En Madrid, a estas horas,/con niebla en los portales

ni siquiera los gatos/nos miran a los ojos.

La ebriedad manifiesta/de jóvenes y adultos

asalta los parterres/buscando chicas fáciles.

Acabada la fiesta/de versos y de libros,

los atriles quedaron/sin varones o féminas

de inspiración futura/que inventen paraísos.

Dejaron sus palabras/bajo neones fértiles

sin esperar derrumbes/para antes del jueves

mientras búhos urbanos/o murciélagos grises ascienden a las torres/en busca de cobijo

y una actriz desflecada,/con su perro pequeño

busca la madrugada/a la sombra del sábado.                                                  (12)465

Madrid, 27 de Abril de 2019.

Manuel Quiroga Clérigo

15 de mayo de 2019